LA ERA DIGITAL – una actualización a enero 2026

12/01/2026

Sumario:

Recuerdo del documento original En 2019 escribí La era digital como una reflexión personal y profesional tras haber vivido en primera línea la transición desde un mundo analógico hacia un entorno crecientemente digitalizado. No lo hice desde la nostalgia ni desde el rechazo a la tecnología, sino desde la posición —cada vez más rara— de […]

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Recuerdo del documento original

En 2019 escribí La era digital como una reflexión personal y profesional tras haber vivido en primera línea la transición desde un mundo analógico hacia un entorno crecientemente digitalizado. No lo hice desde la nostalgia ni desde el rechazo a la tecnología, sino desde la posición —cada vez más rara— de quien ha visto nacer, crecer y transformarse lo digital al mismo tiempo que se formaba como persona y como médico.

Nunca me sentí cómodo con la dicotomía simplista entre “nativos digitales” y “analfabetos tecnológicos”. Haber nacido antes de la llamada revolución digital no me situaba en desventaja, sino en una posición distinta: la de poder comprender no solo el uso de las herramientas, sino también su evolución, sus limitaciones y su impacto real en la forma de trabajar y pensar. Ya entonces me preocupaba comprobar que gran parte de la sociedad —y también muchos profesionales— interactuaba con la tecnología a un nivel superficial, como usuarios pasivos, sin comprender mínimamente qué hay detrás ni aprovechar realmente su potencial.

Desde el ámbito sanitario, y en particular desde la oncología radioterápica, describía una revolución tecnológica indiscutible: sistemas de imagen avanzados, planificación computarizada, registro masivo de variables clínicas y proliferación de bases de datos electrónicas. Sin embargo, esa sofisticación convivía con una realidad mucho más prosaica: sistemas poco interoperables, datos mal estructurados, formación desigual y una dependencia casi estructural de soluciones improvisadas. Excel aparecía ya entonces como el símbolo del desorden organizado: una herramienta potentísima,  utilizada para suplir carencias de sistemas corporativos incompletos o mal diseñados.

Uno de los ejes centrales de aquel texto fue la distinción entre el big data —concepto omnipresente y casi fetichizado— y lo que llamé nuestros small data o dark data: los datos locales, cotidianos, específicos de un hospital, un servicio o un área sanitaria concreta. Ya entonces defendía que ahí residía un valor enorme para los pacientes y para la sociedad, porque esos datos reflejan la práctica real, no el entorno idealizado de los ensayos clínicos. Me preocupaba que, si no éramos capaces de analizar y gobernar nuestros propios datos, otros vendrían a hacerlo por nosotros, ofreciéndonos soluciones empaquetadas, opacas y orientadas a intereses ajenos al bien común.

Por qué esta actualización en 2026

Siete años después, escribo esta actualización no para desmentir aquel texto, sino para contrastarlo con la realidad actual. Muchas de las intuiciones de 2019 se han confirmado: la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa difusa para convertirse en una herramienta concreta, omnipresente y socialmente banalizada. Sin embargo, el salto cualitativo que entonces parecía inminente no se ha traducido todavía en una transformación estructural del sistema sanitario público.

Desde mi posición de médico fundamentalmente asistencial, en la práctica clínica diaria, sigo enfrentándome a muchos de los mismos problemas operativos, organizativos y tecnológicos, mientras la sociedad se entretiene con la IA —a menudo de forma lúdica y acrítica— sin intentar comprender mínimamente su funcionamiento ni sus riesgos.

Esta actualización nace, por tanto, de la necesidad de poner en contexto las estrategias institucionales recientes que la Junta de Andalucía ha venido anunciando y describiendo en materia de digitalización e inteligencia artificial, reconocer los avances que se declaran y los proyectos que se presentan como horizonte, pero también señalar con claridad las brechas que persisten —y la incertidumbre sobre su completa materialización— entre ese discurso tecnológico y la práctica clínica cotidiana.

Estrategias y planes de salud digital

Uno de los pilares del cambio es la nueva Estrategia de Salud Digital de Andalucía (ESDA) 2025‑2030, aprobada por el Consejo de Gobierno a finales de 2025. Esta estrategia prevé una inversión de más de 316 millones de euros en la transformación y modernización del sistema sanitario andaluz. La planificación subraya que las tecnologías disruptivas —principalmente la IA y la gestión avanzada de datos— son pilares para mejorar la toma de decisiones, impulsar la transformación digital del Servicio Andaluz de Salud y fomentar la innovación. Entre los objetivos generales se encuentran el aprovechamiento del valor del dato, la potenciación de los canales digitales para profesionales y ciudadanía y el fortalecimiento de la analítica avanzada, la ciberseguridad y la capacitación del personal

Centros e infraestructuras para la IA

Andalucía ha reforzado su infraestructura de IA creando el Centro de Inteligencia Artificial de Andalucía en el Parque Tecnológico de la Salud de Granada y convirtiéndolo en sede del Centro de Innovación en Tecnologías Exponenciales. Durante el III Congreso de Inteligencia Artificial de Andalucía, celebrado en noviembre de 2025, la Junta anunció una consulta preliminar al mercado para diseñar una infraestructura pública de IA que permita desarrollar y entrenar modelos propios y avanzar hacia la soberanía tecnológica.

El primer caso de uso será JuntaGPT, un asistente conversacional corporativo basado en IA generativa, concebido para orientar a los profesionales sobre trámites y servicios públicos. La intención es que esté disponible para todo el personal de la Administración a lo largo de 2026, convirtiéndose en el primer proyecto de este tipo desplegado por una administración pública en España.

Casos de uso y pilotos en salud

Más allá del discurso estratégico, existen proyectos concretos que muestran cómo la IA puede aportar valor al diagnóstico y la gestión sanitaria. A finales de 2025, el Gobierno andaluz anunció la extensión de un proyecto piloto de cribado asistido por IA en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, destinado a mejorar la precisión en la detección de tumores. Gracias a este proyecto, la IA analiza imágenes mamográficas y de otros tumores para priorizar los casos que requieren revisión por especialistas. La Junta destinará alrededor de 3,7 millones de euros para dotar a hospitales y centros de salud de las ocho provincias de esta herramienta y aumentar la calidad diagnóstica. Según el presidente de la Junta, la IA ya está implicada en 65 casos de uso y se prevé que contribuya a nuevos ámbitos, como la detección temprana del abandono escolar, la gestión del transporte o el uso eficiente del agua, además de reforzar el sistema sanitario.

La Estrategia Andaluza de Inteligencia Artificial 2030 también recoge aplicaciones específicas para la salud, entre ellas el análisis de imagen radiológica para el cribado del cáncer de mama, que genera un prediagnóstico para priorizar las imágenes que requieren mayor atención, la optimización de la lista de espera quirúrgica mediante motores de recomendación que consideren datos clínicos y sociales, y el desarrollo de asistentes virtuales para informar a la ciudadanía sobre procedimientos y servicios.

Perspectiva crítica y desafíos pendientes

Estas iniciativas evidencian que las administraciones públicas reconocen el potencial transformador de la IA. Sin embargo, también ponen de manifiesto la distancia entre las grandes declaraciones estratégicas y la realidad operativa del sistema. La implementación sigue siendo desigual: muchas de las soluciones mencionadas se encuentran en fases piloto o demuestran su eficacia en contextos controlados, pero su implantación generalizada se enfrenta a barreras estructurales como la interoperabilidad deficiente, los marcos de contratación complejos, la formación insuficiente de los profesionales y la necesidad de validar clínicamente los algoritmos. Además, el discurso de soberanía tecnológica y desarrollo de modelos públicos debe traducirse en acciones concretas que garanticen la responsabilidad ética, la transparencia en el uso de datos y la evaluación rigurosa de la eficacia y la seguridad.

En síntesis, la crítica a la inercia institucional y al uso trivial de la IA no impide reconocer avances significativos: por primera vez existen estrategias integrales, inversiones cuantificadas y proyectos emblemáticos en marcha. El reto de 2026 es convertir esas apuestas en resultados tangibles, involucrando a profesionales y pacientes en el diseño de soluciones, garantizando la calidad científica y abriendo el debate sobre la gobernanza de los datos. Solo así la inteligencia artificial dejará de ser un efecto de moda para convertirse en una herramienta que mejore de forma equitativa la salud pública.

Hoy, en 2026, mi día a día como médico sigue siendo esencialmente asistencial y continúa condicionado por muchas de las mismas limitaciones estructurales y tecnológicas que ya señalaba en 2019. Sin embargo, algo sí ha cambiado de forma tangible: he empezado a incorporar la inteligencia artificial como una herramienta de apoyo personal, modesta pero útil. No para tomar decisiones clínicas, ni para sustituir el juicio médico, y siempre con un cuidado extremo de no comprometer en ningún momento la confidencialidad de mis pacientes. Le pido a la IA pequeñas colaboraciones: ordenar ideas, estructurar textos, resumir conceptos, explorar enfoques alternativos o ayudarme a pensar mejor. Es una relación todavía prudente y deliberadamente limitada, pero también reveladora. Porque, lejos del ruido social y del uso lúdico o banal de estas tecnologías, esta experiencia cotidiana me confirma que la IA puede aportar valor real cuando se utiliza con criterio, conocimiento y responsabilidad. Quizá el verdadero reto no sea que la inteligencia artificial sea cada vez más potente, sino que sepamos integrarla de forma madura en nuestro trabajo diario, sin perder el control, el sentido crítico ni aquello que sigue siendo insustituible: la mirada clínica, el contexto humano y la responsabilidad profesional.

Referencias

  1. Wals Zurita AJ. Una historia digital: ¿llegará mi futuro mañana? Desayuno con fotones [Internet]. 12 de junio de 2019 [citado 1 de enero de 2026]. Disponible en: https://fisicamedica.es/blog/una-historia-digital-llegara-mi-futuro-manana/
  2. Junta de Andalucía. La Junta invertirá 316 M€ en el desarrollo de la nueva Estrategia de Salud Digital de Andalucía – Acuerdos del Consejo de Gobierno [Internet]. 2025 [citado 1 de enero de 2026]. Disponible en: https://www.juntadeandalucia.es/organismos/consejo/sesion/detalle/633712.html
  3. Junta de Andalucía. Activada ‘JuntaGPT’, la nueva herramienta de IA que permitirá agilizar la administración pública – Acuerdos del Consejo de Gobierno [Internet]. 2025 [citado 1 de enero de 2026]. Disponible en: https://www.juntadeandalucia.es/organismos/consejo/sesion/detalle/597754.html
  4. Redacción Médica. Andalucía usará la IA para mejorar la precisión en cribados de tumores [Internet]. 2025 [citado 1 de enero de 2026]. Disponible en: https://www.redaccionmedica.com/autonomias/andalucia/andalucia-usara-la-ia-para-mejorar-la-precision-en-cribados-de-tumores-7157
  5. Estrategia Andaluza de Inteligencia Artificial 2030: aplicaciones en salud [Internet]. [citado 1 de enero de 2026]. Disponible en: https://www.juntadeandalucia.es/sites/default/files/2023-06/Estrategia_Andalucia_Inteligencia_%20Artificial_2030.pdf

Nota sobre el uso de inteligencia artificial

Se ha empleado inteligencia artificial generativa (ChatGPT) como apoyo en tareas de corrección, formateo y localización de fuentes. El contenido intelectual del documento es íntegramente del autor.

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